viernes, 26 de abril de 2013

Una guerra, una vida a salvo


Elena Bertos, 3º B

                                                   Brotes de olivo: Aleluya de la tierra
 

Lágrimas inocentes corren por las mejillas de esos niños desprotegidos y vulnerables a los mortales disparos que dan muerte a personas valientes e inocentes. Gritos de horror, gritos de madres angustiadas que llaman a sus hijos con la mísera esperanza de que sigan vivos. Sangre y barro unidos como si fuera ya una costumbre. Olor a guerra. Ese tufo espantoso que cuando está delante de ti, puedes ver toda tu vida en un segundo. Guerra y muerte siempre van cogidas de la mano, ¿no? Kenia busca a su madre y a sus hermanos pequeños. Busca y busca y cuando los encuentra desea no haberlo hecho. Soldados que disparan contra aquellos cuerpos frágiles sin piedad alguna.

"Que Dios los perdone por los pecados que están cometiendo, han matado a mi gente; pero la venganza no les deseo,  pues no saben el horror y el daño que están haciendo", piensa Kenia con tristeza y una gran compasión hacia esos hombres.

Siente cómo unos brazos fuertes rodean su delgada cintura. Intenta gritar pero no consigue su propósito ya que el terror es superior al poder de su voz. Un soldado enemigo la lleva hasta una caja en la cuál es introducida.

-¡Déjame ir! ¡No tengo nada en este mundo , máteme usted antes de que yo lo haga!-grita la niña con dolor.

-Pequeña, no te voy a matar, te pondré a salvo de esta terrorífica y sangrienta escena. No busco la guerra, busco salvar vidas inocentes.

-¿Y por qué me salva a mí?

-Vi cómo mataban a tu familia y sé cómo de grande es tu sufrimiento. Yo perdí mi familia cuando tenía tu edad. Calla y métete en la caja si quieres vivir o corre directa a una muerte segura si es lo que deseas.

La niña, muda, hace un ovillo con su cuerpo dentro de la caja y guarda silencio. El buen hombre cierra la caja y pone en marcha el coche. Kenia observa por un agujero pequeño de la pared de la caja. La pequeña observa la matanza creada por aquellos servidores del diablo.

Ahora sí, donde hay guerra siempre habrá paz y donde hay rencor  se puede encontrar el perdón , siempre y cuando tu corazón dicte eso.
 

 

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