martes, 21 de noviembre de 2017

Patrimonio de La Zubia (preparación)

Los alumnos de 3ºESO y PMAR del IES Laurel de la Reina preparan la visita al Patrimonio de la Zubia. Colabora Javier Peregrina, agente de Turismo del Ayuntamiento de la Zubia, con la selección de textos. Con Miguel Ángel Moreno, Francisco Iglesias y Ricardo Vicente, dentro del Programa ComunicA, abordamos el tema del patrimonio local con la preparación de los textos de los monumentos que después veremos.
Textos e imágenes, historia y literatura, arte y tradición, religiosidad y monumentos: nuestro pueblo.


Patrimonio de La Zubia


domingo, 18 de junio de 2017

Reflexiones sobre la Graduación de 2º Bachillerato


Éste es el primera graduación de alumnos de Bachillerato en el IES Laurel de la Reina. Reflexionan los alumnos que se han graduado y los profesores:



Podemos hablar sobre mi paso por el instituto desde un plano académico y desde el punto de vista de la amistad.
Refiriéndome a los estudios, los cuatro años de la ESO no han sido extremadamente difíciles ni estresantes, pero sí motivadores. Cada profesor ha poseído un carisma inigualable y cada uno ha sabido transmitir su campo de conocimientos con excelencia y diversión. Gracias a eso, hoy tenemos a futuros escritores, historiadores o, como es mi caso, matemáticos.

Luego llegó bachillerato, donde todo se puso más duro y competitivo; por lo tanto, el sacrificio necesario aumentó. Pero al igual que en la anterior etapa, los profesores se mantuvieron cercanos a nosotros y la dosis de dificultad se transformó en desafío y ganas de triunfar en lo nuestro, ganas que aumentaron exponencialmente.

También puedo remarcar con seguridad el carácter cálido, divertido y lleno de buenas emociones de las amistades que he creado en el Centro. Casi todos mis amigos pertenecen a este instituto y son una parte esencial en mi vida. Aunque se suele decir que los amigos del instituto no son para siempre, el sentimiento sí lo será.

Concluyo expresando el tinte familiar que tienen los docentes. Es un instituto que ha sabido compatibilizar la profesionalidad con el afecto personal. Nunca hemos estado solos en nuestros problemas y la comperensión ha sido el idioma significativo del lugar. A modo de ejemplo, mi profesor de matemáticas, Andrés, junto con otros, ha conseguido impulsarme a superar este último año, que ha sido muy difícil personalmente para mí.

En definitiva, vicisitudes buenas y malas han caracterizado mi paso por aquí, pero el balance final me deja con un muy buen sabor de boca.
                                                          Javier Cuerva Heredia




El instituto ha significado una etapa de gran confusión de sentimientos, agobio, felicidad, enfado, incertidumbre,… etc.
Los cuatro años de la ESO, en comparación con bachillerato (sobre todo el segundo año), son un paseo, apenas tienes que estudiar para hacer un buen examen, los deberes no son nada del otro mundo y tampoco es que haya un curso que exija un mayor grado de dificultad .

El problema es cuando llegas a bachiller con mentalidad de la ESO; al menos ese es el caso de la mayoria de los de nuestra promoción. Al estar en el mismo ambiente, con los mismos compañeros, los mismos profesores , realmente parecia que estábamos en 5º de la ESO. Y esa fue nuestra perdición. Primero de bachillerato fue un curso en el que me di cuenta de que tenía que esforzarme cuando casi lo estaba acabando, por desgracia, ya que la nota de primero y segundo de bachiller traen media para luego poder acceder a una carrera. Aún así no me desanimé, y por muchos exámenes que tuviera, que eran muchos, siempre seguía adelante, intentando estudiar lo que podía y como podía. Y así fue primero de bachiller, un curso en el que mi prioridad fue sobrevivir.

Segundo de bachiller puede ser todo lo malo que uno se pueda imaginar: muchos exámenes, la selectividad (lo que te obliga a terminar antes el curso y ,como consecuencia, tener más exámenes en menos tiempo). Y al pensar en todo esto, es normal que la gente se estrese y se agobie, pues no es un curso nada fácil. Así comenzó el curso, agobiado por la avalancha de exámenes que tenía en noviembre, dos meses después de empezar el curso. Sin embargo, en el segundo trimestre, conseguí pillarle el truco a este curso. No se trata de estudiar todos los días o repasar en un rato lo que has hecho esa misma mañana, sino simplemente hay que saber organizarse el tiempo y comenzar a estudiar un examen exactamente 7 días antes. Así es como he conseguido sacar un decente segundo de bachillerato. Un curso que realmente echaré de menos porque supone el fin de una de las mejores etapas de mi vida, donde he hecho unos amigos geniales y con los que he compartido momentos mágicos durante estos 6 años, y sin duda es lo mejor que me llevo de mi estancia en el IES Laurel de la Reina .
                                                       Santos Jiménez Collado


Cuando entré en el instituto, me sentí mayor; todo era nuevo, dejaba atrás la primaria. Este sentimiento se desvaneció rápidamente al ver dónde me estaba metiendo. En cuanto a estudiar, no me resultó complicado aprobar y, en general, no creo que lo sea. Sólamente tienes que prestar atención y mirarte el temario un poco en tu casa los días anteriores al examen para pasar el curso.

El cambio de ambiente y mentalidad, sin embargo, se dio en tercero de la ESO. Igual por el trato con los profesores que dejaron de estar cuidando de nosotros o igual por el hecho de tener más asignaturas diferentes a primaria, en las que debíamos movernos de aula.

Comenzamos a elegir nuestras asignaturas, entrando más en nuestro ambiente y encontrando ya a nuestras verdaderas amistades. Tenía una sensación de fin de una etapa, puesto que hasta el fin del cuarto año no supimos que iban a poner bachillerato.

Tras ese verano, entramos todos motivados al bachillerato. Una etapa nueva, más libertad, asignaturas y profesores diferentes. Ese año tuvimos un cúmulo de profesores muy heterogéneo: unos muy buenos y otros muy malos. Las cosas se complicaron y ya había que estudiar más para aprobar.

Este año, en comparación con los años anteriores, en materia de salud mental, ha sido una agonía,y toda la presión de estar jugándonos nuestro futuro; ha sido horrible.

En general, no puedo estar descontento con el instituto. Ha sido una etapa difícil, como supongo que pasa en todos los adolescentes. He encontrado en él a mis amigos, que tendré para siempre. También los recuerdos de los profesores, que tendré en mi corazón por todo lo que han hecho por nosotros.


Sin más que decir, así me despido.


                                                            Manuel Gachs 2A



Todos entramos al instituto con un cúmulo de sentimientos; algunos buenos, ya que nos sentíamos mayores, estamos creciendo y comenzamos una nueva etapa de la vida; otros eran malos, precisamente por esa misma razón y por el simple hecho de que empezamos una época dura y difícil, donde tenemos que mirar hacia el futuro.

Una vez que entramos aquí, estas emociones cambian, conocemos a gente nueva, compañeros nuevos y profesores, que algunos nos agradan más que otros pero al final conseguimos adaptarnos a todos.

Terminamos esta etapa felices, pero sabemos que aquí no acaba,que seguimos con el último tirón u con el último esfuerzo el grandioso bachillerato.

Pensábamos que no íbamos a hacer aquí bachillerato pero consiguieron hacer una ampliación del instituto Laurel de la Reina.
Seguimos aquí nuestra eatapa y aquí la terminamos; dejamos en el recuerdo todos estos años y todos estos compañeros, las alegrías, el estrés y las emociones; sin embargo, no todo se queda aquí, ya que nos llevamos a los amigos que hemos hecho por el camino .

                                                         Andrea Gómez Osuna



Muchas veces
me dijeron que el instituto era un mundo totalmente distinto al colegio, y ¡qué razón tenían!. Aún recuerdo con cariño aquel septiembre de 2011 cuando entré por primera vez al instituto. De pronto, me encontré inmersa en un sinfín de nuevos cambios: nuevos profesores, nuevos compañeros, una forma diferente de enseñanza... Recuerdo que entré un poco asustada; no conocía a casi nadie, a excepción de mis compañeros de colegio y un primo que estaba en un curso superior.
Pero la aventura ya había comenzado y no había marcha atrás. Cuando entré por primera vez a mi clase, no me gustó nada, apenas conocía a nadie y había muchos mayores repitiendo que me daban un poco de miedo. Y a esto hay que sumarle el miedo que nos daban a todos los de primero pasar por la rampa donde estaban los grandes. No fue un curso para recordar, pero de él me llevo el hecho de haber conocido a grandes amigos que me han acompañado a lo largo de estos años.


Tras acabar, llegó el segundo curso, y ahora la clase sí que me gustaba. Estábamos muy unidos. Recuerdo como en los intercambios la clase parecía otra, las mochilas y los estuches volaban. También recuerdo aquellas mañanas a primera hora en clase de matemáticas cuando no podíamos dar clase porque nuestra clase tenía goteras. En este curso también estuvieron las olimpiadas matemáticas, a las que me presenté y confirmé mi pasión y admiración por las matemáticas a pesar de no ganar.



Y llegó tercero… y con él un viaje al que no le encontraba sentido en este curso. Se supone que los viajes “grandes” se hacen cuando se acaba una etapa y no a mitad, pero bueno. Este viaje nos dejó a mí y a otros compañeros sin poder ir por cuestiones económicas. Fue un poco duro ver cómo todos mis amigos se iban a Londres y yo me quedaba aquí, pero era más pequeña y ahora lo veo con otros ojos. Cosas como ésta me han hecho valorar las cosas y crecer como persona. En este curso también comenzamos con el temido mundo de la física y química. Por suerte nuestro profesor Juande nos la hacía más amena con sus experimentos, y siguió haciéndolo durante 3 años más.



Y por fin llegó cuarto, el último año que pensaba que iba a pasar en este instituto. Pero no. A mediados de curso, tras muchos esfuerzos de la dirección, consiguieron poner bachiller. Cuarto es un curso que recuerdo con mucho cariño, tanto a nivel personal como académico. En este curso descubrí mi pasión por las ciencias y que en un futuro quería trabajar en algo relacionado con ellas. También estuvo uno de los mejores viajes de mi vida. Fue genial pasar una semana en Italia junto a mis compañeros. Me llevo muy buenos recuerdos del viaje y de las noches que pasabamos en vela jugando a juegos.



Y tras el verano empezó el temido bachiller. Pero el cambio no se notó apenas. Era como una continuación de cuarto, porque continuabamos con muchos de los profesores que habíamos tenido en la ESO. Fue un año difícil a nivel personal, y yo ya empecé a notar la presión de la nota para la carrera que quería hacer.
Pero lo que más se me hizo cuesta arriba fue segundo de bachiller. Aquí sí se notó el gran cambio. Es un año en continua presión por la nota, con demasiadas cosas que estudiar en un tiempo muy reducido y en donde se desea continuamente tirar la toalla. De repente, compaginar la vida social y los estudios se volvió muy difícil. Tienes que estudiar muchísimas cosas, y yo hasta tuve que recurrir al café a pesar de que no me gusta para poder seguir. Y lo peor eran las noches en las que no podía dormir por culpa de ese café y por tener la mente tan saturada.
Pero sin duda una de las peores cosas de estos dos años fue estar en clase con gente que no quería aprender, que solo se dedicaba a hablar y molestar. Por suerte, el año que viene llega la universidad, y espero que la gente esté más centrada.
De este curso también me llevo el recuerdo del maravilloso viaje a Londres donde mis compañeros y yo realizamos un voluntariado en Northwold Primary School. Estar allí me hizo mirar el mundo de otra forma. La solidaridad, la igualdad… todo aquello que se podía respirar en ese colegio y que por desgracia en muchos lugares falta.



Y sin darme cuenta, en un abrir y cerrar de ojos, llegó el fin de bachiller y con él la tan esperada graduación.
Sinceramente estaba deseando acabar y cambiar de aires, pero cuesta desprenderse de estos seis años, y de las maravillosas personas que he conocido a lo largo de ellos.
La mayor gratificación que me llevo es que mi trabajo y mi constancia a lo largo de estos años ha sido recompensado con la matrícula de honor. Porque, a pesar de que muchas veces quise tirar la toalla, no me rendí y seguí adelante. Con todo esto quiero animar a todo aquel que esté leyendo esto a que persiga sus sueños y a que sea constante, porque de esta forma podrá llegar lejos en la vida.



Sé que es difícil mirar hacia atrás y resumir todos estos años en unas cuantas palabras, porque sé que me estoy dejando momentos importantes, pero este instituto me ha hecho crecer como persona y eso es lo que me llevo. Entré siendo una niña inocente, y he salido siendo una mujer madura, que sabe que quiere llegar lejos en esta vida y que no se tiene que rendir ante las adversidades. Y ahora, llegó la hora de poner punto y final a esta bonita etapa y empezar una nueva en la universidad, de la que espero grandes cosas.
                                                                              Noelia Garzón 2º Bach.



Llegó septiembre, el último año para ellos. El primero para mí. El principio, como decía Platón, “es la parte más importante de la obra” y yo iba con mucha ilusión, pero también con mucho miedo, ya lo dijo Stephen King “el momento que da más miedo es justo siempre antes de empezar”.
Durante mucho tiempo había escuchado todos esos comentarios y rumores que hacen que prejuzguemos a personas o situaciones, en este caso al IES Laurel de la Reina: “un instituto de segunda, donde todos los alumnos aprueban, donde solo los que no quieren estudiar, los torpes o los que se portan mal tienen cabida”. Supuestamente, los que escapan a estas etiquetas son alumnos de otro instituto. Nunca había sido capaz de pedir un destino que está tan cerca de mi domicilio por todas las habladurías que circulan por el pueblo. Manuel Rivas decía que “los rumores son como la crecida de un río, no se pueden parar” y así lo entendía yo pero, al mismo tiempo ya se sabe que “los rumores son llevados por hipócritas, difundidos por tontos y aceptados por idiotas”. Y por supuesto yo no me tengo por idiota. Quiso el destino que el llamado “concursillo” me brindara la posibilidad de comprobar durante un curso, en primera persona si todos esos rumores eran ciertos.
Llegó el momento de encaminarme hacia el aula de 2º de bachillerato A, tenía ganas de conocer a mis nuevos alumnos, de comenzar a dar clase. Supongo que yo estaba igual de nerviosa que ellos. Cuando los tuve frente a mí los vi bastante normales. Pero desde luego, no era así, ni mucho menos normales, han sido muy buenos alumnos, educados, cariñosos, dispuestos a aprender, a mejorar, a escuchar siempre, bueno dejémoslo en casi siempre, pues los viernes a última hora también me ha costado lo mío. Al despedirse de mí han destacado mi sonrisa los miércoles a primera hora pero, lo cierto es que las tres horas a la semana que he pasado con ellos estos meses han sido las mejores para mí. Esperaba con ansia el momento de entrar en su clase. “La función de la educación es enseñar a pensar intensa y críticamente. Formar inteligencia y carácter” dijo Martin Luther King. Esa es la meta de la verdadera educación y es lo que yo he pretendido y creo haber conseguido. Todos ellos, en mayor o menor medida, han aprendido a hacer un juicio crítico razonado y argumentado sobre cualquier tema.
En este camino que hemos andado juntos, mis alumnos de segundo de bachillerato me han demostrado que, desde luego de segunda no son. Y gracias a ellos, lo que comenzó siendo un año de prueba se ha convertido, por decisión propia, en un destino definitivo.
                                   Francisca Hidalgo, profesora de Lengua y Literatura.



Los profesores:
"¿Tú te acuerdas cuando...?"