miércoles, 19 de noviembre de 2014

Las lágrimas de Alejandro

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Desde niño, Alejandro Magno admiró profundamente al héroe griego Aquiles, símbolo de la fuerza, valentía y gloria inmortal. Compartía sus ansias de gloria, y quería igualar y superar su hazañas.

Aquiles tuvo que elegir entre una vida corta pero intensa y con gloria inmortal, o una vida larga y tranquila. El héroe no dudo: elogió la gloria y partió a la guerra de Troya, donde tras realizar numerosas proezas encontró la muerte. Una vez acabada la guerra, su hijo fundó la dinastía de los reyes de Epiro, reino limítrofe con Macedonia.

Olimpia, la madre de Alejandro, era princesa de la casa real epirota por lo que él se consideraba descendiente directo de Aquiles.

Se cuenta que, cuando Alejandro atravesó el estrecho del Helestoponto en su camino hacia Asia, lo primero que hizo fue visitar las ruinas de Troya y llorar ante la tumba de su ídolo. Su llanto se debía a que a su edad Aquiles ya era famoso por sus hazañas y él todavía no había hecho nada importante.

Sin embargo, el destino quiso que Alejandro, igual que Aquiles, alcanzara la gloria con la conquista de Egipto y, Asia y también, como Aquiles, muriera joven, a la edad de 33 años.

Extracto del libro de Cultura Clásica, 3ºESO, Bruño

Luna Hurtado Díaz 4ºA y Natalia Amador Hortal 4ºC

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