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miércoles, 10 de noviembre de 2010

LA VIDA QUE QUIERO

        Yo fui hija de dieciocho madres , una cada año hasta que aprendí a hablarlas diez primeras me daban todas los juguetes que pedía, pero no paraban de decirme la suerte que tenía de tenerlo todo. ¡Tonterías!, yo pensaba. Mi padre, una fotografía y mi progenitoras ,la laca y el rímel; las cinco de después decían: “ ¡Y no va a ser mala! Si lo que quiere es llamar la atención”. Yo las odiaba. El colegio era como la guardería pero con niños mas grandes, y la biblioteca, el único sitio en el que me dejaban entrar sola. Las últimas tres madres que tuve pasaban de mí; sólo querían su dinero y que yo no creciera. Una vez que aprendí a hablar, la foto pasó a ser un cheque y la laca y el rímel, bolsos de marca. El coche me cayó del cielo al igual que el trabajo y la casa. El marido fue tan bueno que no aparecía por casa para no molestar. Mi hijo sé que lo tuve porque se dignó a aparecer el día del parto. Cuando empecé a saber que mi niño hablaba, me di cuenta de que tenía que empezar a plancharme la cara. Al poco, murió mi marido: tres viudas y cuatro huérfanos; sólo yo tuve recompensa por vivir en su casa. Cuando la plancha dejó de hacer efecto, el motor también lo hizo y nadie tuvo que llorarme, sólo el gerente del banco.
Marta Maldonado Roldán 4ºC

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